MBMario Baldo

Notas · Aviación

Qué es un aeroaplicador: el oficio de volar a metros del cultivo

La aviación agrícola explicada por dentro: qué hace un piloto aeroaplicador, qué exige el oficio, cuáles son las buenas prácticas y por qué Mario Baldo dice «yo soy fumigador».

Mario Baldo en la cabina de un helicóptero durante un vuelo de trabajo.
Mario Baldo en la cabina de un helicóptero durante un vuelo de trabajo.

«Laburo para dos multinacionales como aeroaplicador que soy. Yo soy fumigador». Así se presenta Mario Baldo cuando habla de su trabajo. Detrás de esa frase simple hay uno de los oficios más exigentes de la aviación civil.

Qué hace un aeroaplicador

Un piloto aeroaplicador aplica desde el aire fitosanitarios, fertilizantes o semillas sobre cultivos. Lo hace con aviones agrícolas o helicópteros equipados con barras y picos de pulverización, volando a pocos metros de altura sobre el lote.

La ventaja frente a la aplicación terrestre es clara: no pisa el cultivo, llega a lotes anegados o de difícil acceso y cubre grandes superficies en poco tiempo, justo cuando una plaga o una enfermedad exige actuar rápido.

Un vuelo que no perdona errores

Aplicar desde el aire es volar bajo, rápido y con obstáculos: alambrados, árboles, cables, molinos. En cada pasada el piloto tiene que mantener la altura exacta, la velocidad y la línea para que el producto caiga donde tiene que caer. A eso se suman el viento, la temperatura y la humedad, que cambian cómo se deposita la gota.

Por eso se trata de una actividad regulada, que exige licencia de piloto, habilitación específica y equipos calibrados.

Buenas prácticas

Baldo participó de jornadas de capacitación para aplicadores, como la Clínica de Aplicación realizada en Córdoba en 2019, donde se promovieron las buenas prácticas agrícolas y la certificación de los aplicadores. Entre sus pilares:

  • Respetar las distancias a zonas urbanas, escuelas y cursos de agua.
  • Aplicar solo en condiciones meteorológicas adecuadas (viento, temperatura, humedad).
  • Usar productos registrados y en las dosis indicadas.
  • Calibrar los equipos y registrar cada aplicación.

Una herramienta de trabajo

En una entrevista radial de 2020, Baldo lo resumió con una comparación que cualquiera que trabaje en el campo entiende: un helicóptero «vale un tractor», es una herramienta de trabajo.

Y el trabajo del aeroaplicador no es solo agrícola. Baldo contó en esa misma charla que alguna vez puso su aeronave a disposición para fumigar contra el mosquito en zonas ribereñas, sin cobrar.

Del campo a la pista

En el caso de Baldo, la aviación y el automovilismo comparten sponsors, equipo y lógica: precisión, lectura del terreno y sangre fría. Por algo en el ambiente del rally le dicen «El Comandante».

Más sobre su trabajo en Aviación y campo.

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